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Política

“Infló” gobierno de Cristina Torres sueldo de instructores de zumba

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Playa del Carmen.- Hasta 8 mil pesos por quincena supuestamente alguien se quedó dentro de la pasada administración municipal en Solidaridad.

Y es que al darse a conocer el reporte de la nómina de la pasada administración municipal, que encabezó Cristina Torres Gómez, se observó una enorme disparidad entre el sueldo nominal y lo que los profesores de zumba presuntamente cobraban.

Por ejemplo, $1,200 a la quincena le pagaba Desarrollo Social a la instructora Patricia Solano y en el reporte de nómina emitido por el Ayuntamiento de Solidaridad de la administración de Cristina Torres, ya con descuentos era de 9 mil ochocientos treinta pesos con 74 centavos.

Ella fue la única que manifestó en la reunión con autoridades cuánto le pagaban quincenalmente.

Es decir, se “perdieron” en el caso de esta instructora, $8630.74 pesos mexicanos quincenalmente que fueron reportados como cobrados y nunca los recibió.

“Había una relación con unos supuestos montos de sueldos, unos que no eran reales, pues ahora que nos dieron la información, no cuadraban con nosotros o con ellos”, señaló en días pasados Patricia Solano, instructora de Playa Actívate.

La docente comentó que si hubieran cobrado lo que dicen los documentos, ahora estarían “quitados de la pena en nuestras casas”.

LA PROTESTA

Hace unos días, se inconformaron los instructores de baile al ser dados de baja en Playa del Carmen.

Un grupo de 21 instructores de zumba y otros estilos de baile y activación física protestaron afuera del Palacio Municipal, al enterarse de que fueron dados de baja de la nómina del Ayuntamiento, además de supuestamente prohibírseles el uso de espacios públicos.

La presidenta municipal, Laura Beristain Navarrete, les pidió hasta enero para revisar su situación y ver si los vuelven a contratar.

AGENCIA SIM

Política

Reacciones presidenciales

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Las diferencias

Sergio Aguayo (*)

¿Qué tanto se justifican las críticas al presidente Andrés Manuel López Obrador por su reacción ante la tragedia de Tlahuelilpan? Las comparaciones ilustran.

El 22 de abril de 1992 a las 10:09 empezaron a explotar las concentraciones de gasolina fugada en una amplia zona de Guadalajara. Fue enorme la destrucción en bienes y vidas. Carlos Salinas se trasladó a esa ciudad por vía aérea a las 14 horas y se acercó al lugar de los hechos a las 19 horas. A las 10 de la noche visitó a los heridos en el Hospital Civil. Durante esas horas iba repartiendo promesas: “se hará una profunda investigación”, se “encontrará a los culpables”, “habrá justicia”. Un cuarto de siglo después, El Informador de Guadalajara recordó el hecho con un texto al cual pusieron una entrada propia de obituario: “A 25 años de distancia no hay un solo sentenciado por este hecho”.

El 5 de junio de 2009 estalló un incendio en la Guardería ABC (subrogada del Instituto Mexicano del Seguro Social) en Hermosillo, Sonora. Fallecieron 49 niños y 106 resultaron heridos, todos de entre cinco meses y cinco años de edad. El presidente Felipe Calderón andaba por Quintana Roo y desde allá expresó su “profundo dolor” y envío sus “más sentidas condolencias a los familiares”. Al día siguiente —cuenta “La Jornada”— llegó en el avión presidencial a las 18:27; recorrió hospitales y prometió a los familiares de las víctimas que verificaría cómo habían ocurrido los hechos para deslindar responsabilidades. Dejó Hermosillo una hora y 20 minutos después.

Entre el 26 y el 27 de septiembre de 2014, una de las bandas del crimen organizado que asolan Guerrero desapareció a 43 normalistas de Ayotzinapa y asesinó a algunos más. A la semana, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, justificó el silencio y la pasividad del gobierno federal diciendo que se trataba de “un asunto del ámbito local”. Al onceavo día, el presidente Enrique Peña Nieto expresó en un comunicado que se sentía “profundamente indignado y consternado”; la turbación de su ánimo no le alcanzó para viajar a Ayotzinapa y presentar en persona sus condolencias a los padres y las madres de los desaparecidos.

Podría seguir varias cuartillas relatando casos que demuestran un patrón: nuestros últimos presidentes se quedan paralizados cuando sucede una tragedia en la cual está involucrado algún agente del Estado. Bloquean la empatía y son incapaces de ponerse en el lugar de las víctimas y compartir con ellas su sufrimiento.

Importa poco si la reacción ha sido consciente o inconsciente. Lo relevante es su incapacidad para conectarse en el plano emocional, porque hacerlo los confronta con la primera regla no escrita del actual sistema político mexicano: “no afectarás la impunidad de tus semejantes”. Alterar esa norma va en contra de los tejidos de corrupción que conocemos. En lugar de eso avientan promesas irrealizables, crean comisiones que terminan arrumbadas en la bodega de los tiliches y usan mil y un recursos para cansar a las víctimas.

La reacción de Andrés Manuel López Obrador ha sido diametralmente opuesta. Estaba en Aguascalientes y cuando se enteró de la explosión se subió en una camioneta con unos cuantos acompañantes. En cuatro horas ya estaba en el lugar de los hechos donde se reunió con los titulares de la Sedena, la Marina, Seguridad Pública y Pemex para afinar las medidas que tomaría su gobierno. Desde entonces trae el tema entre las prioridades, con lo cual transmite interés y cercanía a los afectados.

Es por supuesto prematuro asegurar aquí y ahora que el método y las medidas seguidas por el Presidente son acertados o erróneos. Por eso mismo llama la atención la virulencia de algunas críticas condenándolo por aquello que no explicó o dejó de hacer. Cuánta fuerza tienen las vetas de odio que motivan a quienes invierten parte de su tiempo buscando demostrar la maldad e ineptitud del Presidente.

Es probable que en algunas semanas o meses tengamos evidencia sobre las bondades de su actuación y la gravedad de sus pecados capitales o veniales. Llegado el momento, y con evidencia, habrá que condenarlo o aplaudirlo. Por ahora la comparación me permite asegurar que supera con creces a otros presidentes en la capacidad para mostrar empatía hacia las víctimas de tragedias.— Boston, Massachusetts.

@sergioaguayo

Investigador y analista político. Colaboró Zyanya Valeria Hernández Almaguer

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Política

La militarización en el Senado

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La Guardia Nacional

Jorge Castañeda (*)

Surgen versiones de que las comisiones pertinentes del Senado comenzarán la discusión sobre los cambios constitucionales que requiere la Guardia Nacional de López Obrador, antes de que empiece la sesión ordinaria de la Cámara Alta. Por un lado revisarán la minuta que les envió la Cámara de Diputados; asimismo, los senadores agregarán o suprimirán partes del proyecto inicial enviado por el Ejecutivo. Parece que Morena tiene prisa.

Se entiende. El numerito de la militarización se le puede caer por varias razones. Insistiré en dos. En primer lugar, la expansión de las funciones del Ejército, y su singular incapacidad de asumirlas todas, comienza a volverse evidente. Podemos enumerarlas: construir el aeropuerto de Santa Lucía; crear un fraccionamiento de lujo en Santa Fe; resguardar las instalaciones petroleras y en particular las refinerías y revisar la entrada y salida de combustibles o de las mismas; contratar a dos mil conductores de las nuevas pipas que se van a comprar en Nueva York para sustituir por un tiempo la distribución de combustibles por ductos; seguir adelante con el combate al narcotráfico; y por último, crear y crecer la Guardia Nacional bajo mando militar (lo de mixto es una payasada), incluyendo el entrenamiento, el reclutamiento y las compras de material para la misma.

Este cúmulo de responsabilidades se produce en el contexto del desempeño del Ejército en la tragedia del viernes en Tlahuelilpan. Como ya lo reconoció el gobierno, transcurrieron casi cinco horas entre el momento que una patrulla militar detectó la fuga y la llegada de los primeros pobladores y el aviso de ambos hechos a Pemex, y cuando tuvo lugar la explosión. Durante esas cinco horas, el Ejército no fue capaz de enviar un número suficiente de refuerzos, o de controlar a la multitud con menos efectivos, ni de echar a andar un protocolo no dentro de Pemex sino en la Sedena. Seguramente el gobierno y sus aliados en el Congreso comprenden que el caso político —no de popularidad— de seguir entregando poder y responsabilidad a unas fuerzas armadas que cada día se enfrentan a una nueva crisis, se puede ir debilitando.

En segundo término, la ecuación política en el Senado se puede complicar. Los lectores recordarán cómo el PRI salvó a la Guardia Nacional militarizada en la Cámara de Diputados; sin sus votos, no pasaba. La situación en la otra cámara es más complicada. Se rumora que los doce senadores priistas —igual de cruciales que sus colegas diputados— no aceptan la simulación del mando mixto: o es únicamente civil, sin ningún vínculo con la Sedena, en cuyo caso votarían a favor, o de lo contrario lo harían en contra. Por diversas razones, los senadores priistas parecen tener más espina dorsal que sus correligionarios. Además, para quienes deseen cabildearlos, resulta más fácil hacerlo con una bancada más pequeña y probablemente más unida. De tal suerte que el tiempo también puede operar en contra de las prisas de Morena en este caso.

Durante muchas décadas, la clase política mexicana, incluyendo a muchos de los integrantes de primer nivel de la 4T, le dio dinero y prebendas al Ejército para no darle poder. López Obrador está actualmente violando este precepto consustancial de la política mexicana desde los años treinta. Su instinto para la opinión pública ha sido infalible hasta ahora, pero es difícil saber si resultará igual de fino en asuntos más sustantivos. Antes, AMLO le reclamaba a Calderón de haber pateado el avispero del narco. Hoy lo hace él mismo con las fuerzas armadas. Puede ser un peligro para México, este sí.— Ciudad de México.

oficinacastaneda7@gmail.com

Excanciller y analista político

 

Durante muchas décadas, la clase política mexicana, incluyendo a muchos de los integrantes de primer nivel de la 4T, le dio dinero y prebendas al Ejército para no darle poder

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Política

Los ideales también se agotan

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Foto: Megamedia

 

 

#CARTÓN DE TONY

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