Megamedia

Copyright 2018 | Sitio web desarrollado por GRUPO MEGAMEDIA

Nacional

Fomenta en tus hijos la honestidad

Publicado

En

Raúl Espinoza Aguilera (*)

La naturaleza del ser humano es buscar la verdad, la cual está obligado a honrar y atestiguar. Los hombres no podrían convivir si no se tuvieran una confianza recíproca, si no manifestaran con esa verdad.

Mentir es hablar u obrar contra la verdad para inducir a un error, por lo que es necesario que los hijos se acostumbren a decir siempre la verdad, con valentía y confianza, porque donde hay un ambiente de sinceridad se está a gusto y reina la alegría.

A cierta edad, los niños comienzan a decir pequeñas mentiras, por lo que hay que ayudarles a comprender que no es lo correcto; que hay que amar la verdad, por encima de todo y aunque cueste.

Sin embargo, hay que distinguir entre la virtud de la sinceridad y la “excesiva espontaneidad” en la que pueda resultar ofendido de palabra u obra un familiar o compañero de escuela.

Me parece conveniente hacerles saber a los hijos, que en cuanto cometan un acto del cual se avergüencen y no quisieran que nadie se enterara, hay que ir rápidamente a los padres a contárselos.

En este apartado los padres deben tomar en cuenta el esfuerzo que ha realizado el chico por ser sincero. Un ejemplo: “Papá, anteayer que fui a hacer las compras que me pediste y me entregaste un billete de quinientos pesos, pero me quedé con el vuelto. No te consulté nada y me lo gasté casi todo en dulces, refrescos, chocolates…”.

Una manera habitual de generar personalidades “dobles” o que caigan en la hipocresía, es infundir miedo a los hijos y ser muy severo en los regaños y castigos. Al actuar así es más fácil que mientan o finjan otra conducta por una miedosa y explicable timidez de no ser reprendidos.

Es más formativo, considero, si el padre reacciona en forma serena. Por ejemplo: “No debiste de haber hecho eso porque sabes que ese dinero nos hace falta para los gastos de la casa. Pero te agradezco tu sinceridad”.

De esta manera, al hijo le quedó claro que no actuó bien y, a la vez, queda la puerta abierta para acudir a su papá, con toda confianza, si comete otra falta. En otros casos, es recomendable suavizar el castigo, cuando el hijo reconoce plenamente su falta, muestra arrepentimiento y disposición de corregirse. Otras recomendaciones para vivir la sinceridad en plenitud y ser amables con los demás en la convivencia cotidiana serían: Que los padres brinden confianza a los hijos para hablar de sus preocupaciones. No mentir en los juegos, no hacer trampas. No acusar injustamente a los compañeros o hermanos. Evitar poner en ridículo a los demás. No colocar “apodos” al prójimo. Evitar todo tipo de gestos o actitudes hirientes. Aprender a pedir perdón, si se ha molestado a alguien, y buscar el modo de enmendarlo. No hablar mal de los hermanos o amigos. Admitir con sencillez un error o equivocación, sin pretender excusarse.

De esta manera, poco a poco, los hijos se van acostumbrando a agotar toda la verdad y a ser transparentes, sinceros, sencillos, amables. Eso contribuye positivamente en su formación como mejores personas.

Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la UNAM y maestro en Comunicación por la Universidad de Navarra.

Continuar Leyendo
Clic para comentar

PUBLICIDAD

Últimas noticias

PUBLICIDAD

Secciones

PUBLICIDAD

Etiquetas

Tendencia