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Los fantasmas en derredor…

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Acento de mujer

Lourdes Casares de Félix (*)

En las últimas semanas del año tuve la oportunidad de realizar algunos viajes. Por una parte, fue una experiencia bizarra. Como diría la gente joven, “AC” o “DC”, siglas que en Historia significan Antes o Después de Cristo, aquí el nuevo significado es Antes o Después del Celular.

En efecto, yo comparaba mis viajes antes y después de la invención e intenso uso del artefacto.

Es obvio que la tecnología avanza y se ha introducido en nuestras vidas y podría decirse que se ha apoderado de éstas. Las redes sociales, los dispositivos móviles y la facilidad de conectarse han cambiado la forma de relacionarnos y de comunicarnos.

Parte de la diversión de viajar era conocer gente nueva, a veces interesante, y platicar con ella. Recordé un largo viaje en avión en mi juventud en el que los vecinos de asiento trataban de comunicarse en español y mi amiga y yo en alemán, lo que terminó en hacer divertidas señas.

Ahora con la novedad en estos viajes que mis compañeros de silla se la pasaron horas enchufados a todos los aparatos electrónicos como si no hubiera nadie más a su alrededor y no emitieron ningún sonido.

En todos mis trayectos de transporte las y los viajeros se conectaban de inmediato a sus laps o celulares. ¡Las conversaciones agradables desaparecieron! ¡Ahora hay poco interés por convivir con otras personas! Durante el viaje, en una ocasión fui a desayunar y entre todas las mesas ocupadas divisé a unos familiares que viajaban conmigo. Con amabilidad me hicieron un espacio en su mesa. Teníamos una excursión que tomaríamos más tarde. Quería intercambiar experiencias del viaje con ellos y preguntarles como habían pasado la velada anterior.

Muchas preguntas venían a mi mente pero mi vista se mareaba viendo el continuo movimiento de dedos picando el pequeño tablero de sus celulares. Ninguna palabra de su parte, mientras yo sorbía mi café. Me sentí intrusa en un espacio ocupado por fantasmas. Y esta escena se repitió una y otra vez.

¿Cuál es el mensaje que envía una persona que comparte un mismo espacio contigo y no es capaz de guardar el celular? Pues es fácil de descifrar ya que significa que no le importas y que las personas con las que chatea o el jueguito digital que tiene en pantalla tienen prioridad.

¿Qué se siente ante una situación así? Es obvio que te sientes ignorada. Para mí era desperdiciar el tiempo pues no eran familiares que puedo ver con frecuencia y me entristecía que no se percataran de ello.

Actualmente, el celular es algo esencial para las personas, ya sea para entretenerse, estar informado o mantenerse en contacto.

Para la juventud es todavía algo más que eso y se llama FOMO.

Estas siglas derivan de la frase en inglés “Fear Of Missing Out”. Esto significa miedo a perderte de algo.

Si un joven no se entera de una actividad que su grupo o compañeros llevaron al cabo o un evento en los que no participó, puede convertirse en tragedia. Este terror o ansiedad por quedar fuera de algo les convierte en adictos a las redes sociales.

El estudio liderado por la doctora Nancy Etcoff, experta en el Comportamiento Mente-Cerebro y en la Ciencia de la Felicidad de la Universidad de Harvard, reveló que muchos de los usuarios prefieren usar su teléfono que relacionarse con sus seres queridos.

Los resultados alarmantes se encuentran en las generaciones más jóvenes que han crecido en un mundo digital.

El celular tiene muchas ventajas pero también ha poblado al mundo de fantasmas que caminan absortos viendo su aparato e indiferentes a las personas que les rodean.— Mérida, Yucatán.

acentodemujer@hotmail.com

Escritora

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