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El don de la vida no puede ser considerado una posesión privada

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Pastoral de la Salud

“Gratis habéis recibido; dad gratis” (Mateo 10,8). Estas son las palabras pronunciadas por Jesús cuando envió a los apóstoles a difundir el Evangelio, para que su Reino se propagase a través de gestos de amor gratuito.

Con ocasión de la XXVII Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra cada 11 de febrero, el santo padre Francisco nos ha enviado una carta a toda la Iglesia, y como Madre de todos sus hijos, sobre todo los enfermos, recuerda que los gestos gratuitos de donación, como los del Buen Samaritano, son la vía más creíble para la evangelización. El cuidado de los enfermos requiere profesionalidad y ternura, expresiones de gratuidad, inmediatas y sencillas como la caricia, a través de las cuales se consigue que la otra persona se sienta “querida”.

La vida es un don de Dios —y como advierte san Pablo—: “¿Tienes algo que no hayas recibido?” (1 Co 4,7). Precisamente porque es un don, la existencia no se puede considerar una mera posesión o una propiedad privada, sobre todo ante las conquistas de la medicina y de la biotecnología, que podrían llevar al hombre a ceder a la tentación de la manipulación del “árbol de la vida” (cf. Gn3,24).

El domingo próximo (10 de febrero) celebraremos en Yucatán esta Jornada por los enfermos. Será en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima (García Ginerés) iniciando con una jornada eucarística pidiendo por todos los enfermos a las 4:30 p.m., e inmediatamente después a las 5:30 p.m. la celebración de la Santa Misa, presidida por monseñor Gustavo Rodríguez Vega, con el sacramento de la Unción para los enfermos presentes.

Cada hombre es pobre, necesitado e indigente. Cuando nacemos, necesitamos para vivir los cuidados de nuestros padres, y así en cada fase y etapa de la vida, nunca podremos liberarnos completamente de la necesidad y de la ayuda de los demás, nunca podremos arrancarnos del límite de la impotencia ante alguien o algo. También esta es una condición que caracteriza nuestro ser “criaturas”.

El justo reconocimiento de esta verdad nos invita a permanecer humildes y a practicar con decisión la solidaridad, en cuanto virtud indispensable de la existencia.

A las familias les hacemos una atenta invitación para que traigan a sus enfermos a recibir los sacramentos, el alivio y consuelo de Dios para sus hijos.— Presbítero Alejandro Álvarez Gallegos. Coordinador diocesano de la Pastoral de la Salud

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