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Filosofía y actualidad

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¿Qué hace la filosofía en el siglo XXI?

Antonio Salgado Borge (*)

Uno de los prejuicios que suele enfrentar la filosofía en la actualidad es su supuesta inutilidad social. Es fácil ver por qué. Algunas personas piensan que el quehacer filosófico se reduce a un individuo sentado en un sillón formulando preguntas sin rigor, sin sentido o buscando entender problemáticas sin los elementos necesarios para investigarlas; el rigor académico, lógico, histórico o científico que caracterizan a la filosofía contemporánea rara vez son considerados en esta mezcla. Tampoco es considerada la vincu- lación o trabajo conjunto entre personas dedicadas al estudio académico de la filosofía y quienes estudian otras disciplinas.

En este contexto, la maestría en Pensamiento Filosófico y Ético de la Universidad Marista de Mérida inicia el próximo viernes 15 de febrero (a las 4 p. m.) su ciclo de conferencias a distancia sobre filosofía y problemáticas contemporáneas. He tenido el honor de ser invitado a impartir la primera de estas conferencias, que tratará sobre la “metafísica de género” —más adelante explicaré en qué consiste este concepto—. Como parte de estos esfuerzos, un día antes, el jueves 14 de febrero (6 p. m.), en la misma universidad se llevará al cabo una edición del café filosófico titulada “¿Para qué un filósofo en el siglo XXI?”.

Al organizar eventos de esta naturaleza, la intención de las personas que dirigen la maestría en Pensamiento Filosófico en la Marista es analizar, desde distintas perspectivas, cómo la filosofía puede ayudar a entender y a buscar soluciones para algunos de los grandes retos de nuestro tiempo. La intención de este artículo es contribuir a estos destacables esfuerzos argumentando que poner sobre la mesa la división de la filosofía en distintos campos de estudio ayuda a identificar las distintas formas en que las personas que estudian esta disciplina pueden abordar problemáticas contemporáneas y la relevancia de contar con estos enfoques en nuestro siglo. Para ello, propongo revisar cinco áreas.

(1) Ética. La ética estudia, sugiere, analiza y categoriza los elementos que incluye el comportamiento humano bueno o malo. Este estudio se divide en tres ramas principales. (a) La “ética de primer orden” trata principalmente de la normatividad. ¿Cómo debemos arribar a estándares para determinar qué tipo de conducta debe ser considerada buena y qué tipo de conducta debe ser considerada mala? Para responder a esta pregunta, existen varias opciones sobre la mesa. Alguien que defienda, por ejemplo, un enfoque de “ética de la virtud”, dirá que la clave está en desarrollar buenos hábitos de carácter, alguien que defienda un enfoque de “ética del deber” dirá que existen obligaciones fundamentales innegociables, y alguien que defienda un enfoque “consecuentalista” dirá que lo importante son las consecuencias de nuestros actos.

Este es un debate vivo e intenso. Y es que aún dentro de cada una de estas posturas existe una argumentación constante que busca refinar y delimitar los alcances de las normas.

(b) Dentro de la ética también se incluye la ética de segundo orden o metaética; es decir, el estudio de los alcances de la ética como disciplina y del significado de los conceptos éticos. ¿Existirían propiedades morales, como “el bien”, en el universo aun si no existieran los seres humanos? Quienes dicen que sí son llamados realistas morales, quienes opinan lo contrario, antirrealistas. (c) Finalmente, la ética también incluye la llamada “ética aplicada”, que se enfoca en problemas prácticos como el uso de tecnologías para ampliar las capacidades humanas, la eutanasia o la legalización de las drogas.

(2) Epistemología. Esta rama de la filosofía estudia el conocimiento y las creencias justificadas. Las personas dedicadas a la epistemología buscan establecer cuáles son las condiciones necesarias y suficientes para que algo sea considerado conocimiento. Por ejemplo, ¿es suficiente que algo sea una creencia verdadera para que ello sea considerado conocimiento? Supongamos que alguien cree que la Tierra gira alrededor del sol, pero su creencia es arbitraria y la persona no es capaz de justificar o explicar por qué la sostiene. En este caso, ¿estamos hablando de conocimiento? ¿O requerimos de justificación para considerar a algo conocimiento? Preguntas de este tipo no son triviales, pues en el sentido que les demos nos jugamos parte de las reservas intelectuales de nuestras civilizaciones.

Para ver por qué, vale la pena considerar que actualmente el estudio de las distintas formas de justificación forma parte fundamental de los debates epistemológicos. Así, uno de los aspectos claves dentro de estos debates es qué constituye una buena justificación o si la justificación es externa a la mente -por ejemplo, testimonial- o interna -por ejemplo, la memoria-. En la era de la postverdad y de las “fake news”, el estudio de las creencias y de los procesos de justificación ha cobrado especial relevancia. ¿Por qué tantas personas no son capaces de distinguir una creencia respaldada por una justificación sólida de una creencia sin respaldo de este tipo? ¿Por qué el valor de las fuentes testimoniales más confiables, tan efectivas y básicas en el desarrollo intelectual de la humanidad ha perdido peso?

(3) Metafísica y ontología. La metafísica estudia en buena medida los fundamentos últimos o la estructura de la realidad. Así, desde la metafísica se estudian fenómenos tan variados como la naturaleza del tiempo, de objetos y hasta de entidades sociales. También se estudia desde la metafísica fenómenos como la dependencia. Por ejemplo, ¿son el espacio o el tiempo fundamentales en el sentido de no depender de nada más, o dependen de entidades más básicas? ¿Qué se requiere para que una cosa dependa de otra?

Por la naturaleza de sus preguntas, la metafísica está directamente vinculada con otras ramas de la filosofía o de las ciencias sociales. Por ejemplo, la conferencia a distancia del próximo viernes 15 de febrero será sobre metafísica de género. La idea fundamental es buscar entender el estatus ontológico del género y sus fundamentos metafísicos. Es decir, ¿Qué es el género? ¿Está basado en algo real? ¿Debemos incluirlo en nuestra lista de compromisos ontológicos —cosas que consideramos existentes—? ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de cada enfoque?

(4) Filosofía de la mente. Esta rama de la filosofía estudia la relación entre la mente y el cuerpo. Durante los últimos años, uno de los temas más estudiados es el llamado “problema difícil” de la conciencia. El “problema difícil” consiste en la búsqueda de una explicación del estatus ontológico de la consciencia, entendida en parte como experiencias fenomenológicas —por ejemplo, la experiencia de un color, un olor, o un sabor—: ¿se trata la consciencia entendida así de un fenómeno físico o dependiente de algún proceso físico? ¿O es un fenómeno puramente mental que se puede explicar independientemente de procesos físicos?

Si este problema es considerado difícil es porque ninguna alternativa es completamente satisfactoria y porque, a diferencia de lo que ocurre con otros procesos mentales, la ciencia no ha logrado establecer con certeza el correlativo físico de la consciencia. La filosofía juega un papel crucial en este proceso y trabaja de la mano con la psicología o las ciencias cognitivas, pues esta disciplina provee las herramientas para demarcar el marco conceptual de estos estudios, explica las distintas formas en las que una cosa puede depender o ser causada por otra y establece las condiciones necesarias y suficientes para que algo sea referido por los conceptos en juego.

(5) Historia de la filosofía. La historia de la filosofía estudia el desarrollo de ideas o debates filosóficos a través del tiempo. La influencia de algunas de las figuras más grandes de la filosofía para el desarrollo de nuestra manera de concebir el mundo es difícil de dimensionar. Por ejemplo, la filosofía de Platón y luego la de Aristóteles fueron adaptadas por los pensadores cristianos de la edad media y muchas de sus categorías siguen formando parte de la forma de ver el mundo de quienes han crecido en occidente.

Pero también la historia de la filosofía es indispensable cuando se trata de nutrir y de entender lo que está en juego en algunos debates contemporáneos. Y es que muchos temas o debates se han desarrollado y evolucionado a lo largo de milenios. El filósofo Alfred Whitehead famosamente afirmó que la historia de la filosofía occidental era “un pie de página a Platón”, en alusión a que mucho de lo que hoy se discute está ya presente en los diálogos de ese filósofo de la antigüedad.

Si bien el comentario de Whitehead es un evidente despropósito, su sentido más profundo merece ser rescatado: mirar hacia el pasado no es mirar a debates “superados” u osificados, sino a los grandes logros del pensamiento humano que no deben ser desperdiciados.

La filosofía se divide en varias áreas con distintos objetos de estudio. Por motivos de espacio, en este artículo apenas he mencionado cinco. Además, estas áreas frecuentemente colaboran, intercambian ideas y logran abordar problemas desde ángulos interdisciplinarios. Es decir, la filosofía está muy lejos de ser un pasatiempo o la tarea inútil que los dirigentes menos informados de las universidades públicas que la rechazan —como la Uady— tienen en mente cuando piensan en esta disciplina.

Si algo comparten todas las ramas de la filosofía es la búsqueda de la verdad y el compromiso a estudiar fenómenos con base en evidencias y argumentos hasta sus últimas consecuencias. En un momento tan delicado para el conocimiento y para los valores de la ilustración, esfuerzos como los de la maestría en Pensamiento Filosófico y Ético de la Universidad Marista de Mérida no son poca cosa.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

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