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Investigaciones Periodisticas

Un “secreto a voces”

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Las empresas fantasmas y sus vínculos con el gobierno, una vieja práctica que se ha ido perfeccionando, coinciden especialistas.— Cualquier persona vende facturas en la calle

La vinculación de empresas fantasma con los distintos niveles de gobierno tiene efectos directos e indirectos en la economía yucateca. No es una práctica nueva, aunque sí ha evolucionado y nos debe preocupar, coincidieron tres expertos durante un foro organizado por Grupo Megamedia.

Lízbeth Estrada Osorio, coordinadora en Yucatán del colectivo Ciudadanos por Municipios Transparentes (Cimtra), manifestó que esa relación es una añeja práctica perfeccionada con el paso del tiempo al amparo de la falta de aplicación de la ley, lo cual permite operar bajo el manto de la impunidad tanto a esos negocios como a los funcionarios públicos involucrados en lo que es un secreto a voces.

Santiago Pérez Arjona, síndico del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) capítulo Yucatán ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT), indicó que hoy “cualquier persona te vende una factura en la calle” y dijo que los gobiernos que incurren en esas operaciones, a diferencia de las empresas privadas, no son sujetos de consecuencias en el Código Fiscal de la Federación y por eso es necesario un cambio legal que los incluya.

Othón Baños Ramírez, investigador de la Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la Uady, manifestó que muchas de esas empresas son creadas para un tiempo específico, con la participación de funcionarios públicos, y constituyen una estructura que se reorganiza y reacomoda con el tiempo.

Invitados por Grupo Megamedia, los tres especialistas participaron en el foro “Las empresas fantasma y sus implicaciones fiscales y en la vida de los gobiernos”. Respondieron a cuatro preguntas y al final plantearon tres propuestas cada uno para evitar este tipo de actos ilícitos.

Las preguntas son:

1) ¿Cómo afectan las llamadas empresas fantasma a la economía yucateca?

2) ¿Estas redes o negocios constituyen una moderna forma de desvío de recursos?

3) ¿Por qué consideran que al SAT y a la Auditoría Superior del Estado (ASEY) les pasan inadvertidos estos manejos?

4) ¿A qué atribuyen la indiferencia de la sociedad civil ante la situación de las empresas fantasma?

En esta página ofrecemos una síntesis de las respuestas a las dos primeras preguntas y en yucatan.com.mx presentamos un vídeo que reúne las propuestas. En nuestra edición de mañana publicaremos los puntos de vista sobre las otras dos interrogantes.

A continuación, el resumen de las respuestas a la segunda pregunta, en el orden en que fueron formuladas:

Lízbeth Estrada.— No creo que sean (los negocios fantasma) una nueva forma. El desvío de recursos públicos es un tema latente en el país desde hace mucho tiempo. Todos hemos escuchado de los supuestos arreglos entre servidores públicos y particulares. Es un secreto a voces, un tema que está en el imaginario colectivo.

Es una práctica añeja que se ha perfeccionado con el paso del tiempo, al amparo de la falta de aplicación de la ley, lo cual permite operar a estas redes de corrupción bajo la protección de la impunidad.

No creo que sea una moderna forma de desvío. Más bien es ahora que podemos enterarnos mejor de estos temas.

Santiago Pérez.— Haciendo un poco de historia, los comprobantes fiscales han ido evolucionando con el paso del tiempo. Antes el comprobante fiscal era papel y la era digital fue cambiando las cosas.

A raíz de que México participa en la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), ha seguido varias recomendaciones considerando que es uno de los países con porcentaje de recaudación del PIB de lo más bajo, por no decir que estaba en último lugar. Entonces empieza la era digital y empiezan los cambios en los comprobantes fiscales.

Comenzó con el código bidimensional, que fue un completo fracaso y no tuvo ningún efecto, y de allí se fue al CFD, que es el Comprobante Fiscal Digital. Actualmente estamos en el Comprobante Fiscal Digital por Internet, el famoso CFDI. Eso ha permitido al SAT o a la autoridad tributaria los cruces de información. Esos cruces, desde mi punto de vista, han tenido bastante éxito e incluso nos ha llevado a conocer qué son las empresas fantasma. Antes no había información pública oficial al respecto y hoy sí, porque en estos CFDI cada vez hay más caracteres o elementos digitales en los que ciertos sistemas internos hacen cruces de información y pueden perfectamente ver la red de la empresa a la cual ya detectamos que hace operaciones inexistentes. Puedes ver quién es el representante legal, quiénes son los socios o socios de qué otras empresas son, con quiénes operan principalmente, quiénes son sus clientes y sus proveedores. Muchas veces los clientes son el propio gobierno y también hay iniciativa privada.

De allí parte toda una estructura de la cual ya se tiene información. Para muestra, hay datos que reflejan que el monto de recaudación se está yendo hacia arriba, hacia una recaudación efectiva.

La recaudación de 2018 es prácticamente un cien por ciento adicional de lo que se esperaba, por el tema de operaciones inexistentes. Cada quincena el SAT hace una publicación actualizada, en el Diario Oficial de la Federación, de las empresas presuntas y las que ya quedaron en carácter de definitivo (por sus operaciones irregulares).

Al 12 de febrero había 7,482 personas físicas y morales publicadas como definitivas en ese listado. Hay 1,846 presuntas, y de ellas se han logrado desvirtuar únicamente 210 y han tenido sentencias favorables 156.

Un dato duro podría ser que 366 empresas que han pasado por el aspecto de presuntas se han salido de esa clasificación por defensa fiscal y por desvirtuación de pruebas.

¿Esto que quiere decir? Yo creo que la era de las empresas falsas ya se está acabando, se está yendo hacia abajo porque hay mayores implicaciones, no sólo fiscales sino que pueden ir hasta el tema penal.

¿Qué está faltando aquí? Realmente quien deduce o acredita es la empresa privada. El gobierno no deduce ni acredita. Por lo tanto, no tiene ninguna implicación respecto al Código Fiscal de la Federación. Es decir, puede venir el gobierno y comprar las facturas que quiera y no tiene ninguna implicación, porque simplemente el Código Fiscal de la Federación no le aplica. Hay que ver que esto llegue al gobierno.

El tema no es nuevo. Ha evolucionado, pero también el combate ha evolucionado.

También hay una realidad que yo percibo en el día a día con mis clientes: las autoridades tributarias están abusando de sus facultades y no tienen esa visión de quiénes son realmente proveedores. Para ellas todos somos malandros, todos vendemos facturas, absolutamente todos, y no saben que hay ciertas formas de hacer negocio donde no necesito ni trabajadores, ni activos, ni capacidad. ¿Por qué? Porque puedo ser una persona que sencillamente sabe hacer negocios de manera independiente.

Othón Baños.— En primer lugar, me parece que no son redes per se. Son redes que se forman a partir de cada gobierno. Muchas empresas son creadas ad hoc, para un tiempo específico, y la red realmente está en los amigos de los funcionarios que se hacen pasar por empresarios y hacen sus tejemanejes. Y después desaparecen esos negocios.

Yo diría que sí es una red moderna en el sentido de que se reacomoda, se reorganiza, todo en función de la forma en que la vigila el gobierno.

El que hace la norma hace también la trampa. Desde el mismo gobierno se van buscando huecos, las lagunas en la legislación.

Me parece que hay un punto en el que estas empresas van siempre adelante. Es lo que nos muestra la historia. Van un paso adelante de quienes están tratando de detectarlas o evitarlas.

A lo mejor están en un procedimiento en el que tienden a ser más finos para ocultar hacia dónde llevan los recursos.

Nos debe preocupar, porque es un fenómeno que disminuye la capacidad que debe tener todo gobierno para impulsar el desarrollo de su entidad.

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Hay que tomar en cuenta que los montos (de los desvíos) no son sólo lo que se ha detectado. Tampoco quiero decir que todo gasto público esté descompuesto, pero sí que hay una práctica generalizada y extendida.

DiariodeYucatan

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