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Reflexiones en esta Cuaresma

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Herminio Piña Valladares (*)

La Cuaresma es un tiempo importante de preparación y gracia para profundizar en nuestra conversión. Se nos propone como un espacio en la vida para reforzar y consolidar nuestra espiritualidad. La Cuaresma son los cuarenta días de intensa preparación a la esperada fiesta de la Pascua.

Jesucristo también tuvo un tiempo fuerte de preparación, 40 días en el desierto, donde ayunó y estuvo en tiempo de oración.

Moisés guardó cuarenta días antes de subir al Sinaí. Elías caminó durante cuarenta días hacia el Horeb. La marcha de los judíos por el desierto duró cuarenta años. Por lo tanto 40 es un número simbólico que expresa víspera y preparación intensa de algo importantísimo que para nosotros es la Pascua.

La Cuaresma se inicia con el Miércoles de Ceniza y termina el Jueves Santo.

El lema propuesto por el papa Francisco en esta Cuaresma es “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios” (Rm. 8,19).

En este mensaje resuena la encíclica del Papa sobre el cuidado de la casa común Laudato si, ¡Alabado seas, mi Señor! y la permanente llamada a la conversión, a una conversión personal y comunitaria, que alude a nuestra relación y compromiso con la ecología integral.

El Papa en su mensaje sobre la Cuaresma nos recuerda que es un signo sacramental de esta conversión, un llamado a los cristianos a encarnar intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular el ayuno, oración y limosna.

El ayuno es aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y de la tentación de devorarlo todo para saciar nuestra avidez a la capacidad de sufrir por amor, para colmar el vacío del corazón.

De igual forma, la oración nos hace renunciar a la idolatría y la autosuficiencia de nuestro yo y declararnos necesitados del Señor y de toda su misericordia.

Dar limosna para salir de la necesidad de vivir y de acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece.

Todo lo anterior es para encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y nuestro corazón, para amar a nuestros hermanos y al mundo entero y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

La Cuaresma del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original.

El papa Francisco también exhorta a que nuestra cuaresma suponga recorrer este mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión, en este periodo importante de la Cuaresma.

Abogado y asesor jurídico. hjpvdirector@hotmail.com Herminio José Piña Valladares

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