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Política

Revalorizar la política

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Una utopía posible

José Guillermo Fournier Ramos (*)

Fue grande el impacto que me produjo escuchar hace unos días a Ricardo, un joven yucateco próximo a cumplir la mayoría de edad, decir que él nunca votaría en unas elecciones. “No tiene ningún caso; todos son iguales”, aseguró con la franqueza que caracteriza a quienes comparten su edad.

Lo anterior me hizo reflexionar sobre la necesidad de repensar la política para devolverle su debido valor y así lograr que las nuevas generaciones vuelvan a confiar en el servicio público como vocación de entrega.

¿Cómo revertir esta tendencia?

“La política es la forma más elevada de caridad”. Esta frase no fue dicha por algún candidato presidencial en uno de tantos discursos de campaña, sino por el Papa Pío XII, hace ya varias décadas.

El enunciado se refiere, por supuesto, a un deber ser fundamental.

Estas palabras trascienden las barreras del tiempo para ser vigentes hoy día como una enérgica demanda sobre lo que debe ser el ejercicio político a nivel global. Pero la realidad nos muestra que el desprestigio hacia el concepto de política se ha generalizado por medio de un desgaste paulatino que ha alcanzado escalas extremas.

La desconfianza se encuentra arraigada entre la ciudadanía y el repudio hacia el poder se manifiesta de distintos modos. El enorme riesgo de este fenómeno está en la previsible tendencia de algunos sectores de la población a ceder ante la apatía democrática, cansados por el desencanto.

La solución de todo problema requiere de un análisis que nos lleve a un diagnóstico oportuno sobre el cual proponer estrategias de cambio.

Claro está que se toca un tema de significativa complejidad; sin embargo, resulta útil realizar una aproximación hacia el propio término de política como punto de partida.

Decía el filósofo italiano Antonio Gramsci que hacer política es actuar para transformar el mundo. Considero ilustrativa esta definición pues, aunque pueda ser señalada por su calidad genérica y abstracta, encierra una verdad que ha sido ignorada por un largo período con consecuencias adversas.

Por consiguiente, al escuchar hablar sobre política, casi de inmediato nos remitimos a la figura de las autoridades gubernamentales o de los partidos políticos. De manera innegable, las democracias contemporáneas requieren de instituciones públicas para su funcionamiento, no obstante, se produciría un sesgo gravísimo si demeritamos la trascendencia en la vida política de otros agentes de la sociedad.

Asimismo, con reiteración se tergiversa la esencia de los componentes que integran la democracia.

Por citar un ejemplo, se olvida en la práctica que los partidos políticos no son círculos promotores de fanatismo, sino plataformas de acción para la generación de un impacto contundente en el bien colectivo.

Los liderazgos de valor pueden encontrar en la política partidista un espacio para consolidar sus habilidades en favor de la comunidad, pero existen también otros caminos propicios para la construcción de proyectos dignos que se construyan sobre principios legítimos.

Las asociaciones civiles juegan un papel transformador que a menudo es subestimado.

La organización de la ciudadanía es el motor sobre el cual se podrán resolver las asignaturas pendientes que emergen a la vista en nuestra actualidad.

Es preciso revalorizar la política social como una herramienta para trabajar por conseguir los cambios que queremos para el presente, así como para la obtención de un mejor futuro.

Con respecto a la imagen golpeada extendida hacia la política, debemos recordar que es más provechoso encender una vela que limitarse a emitir quejas sobre la obscuridad.

Absolutamente todos tenemos una vocación para hacer política desde el ámbito en el cual nos desempeñemos.

El trabajo comprometido siempre trae consigo avances.

Las emociones convertidas en acciones son las que definen el rumbo sobre el cual transitaremos.

Dignifiquemos la política ciudadana y edifiquemos una cultura democrática.— Mérida, Yucatán.

fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración Pública y profesor universitario

La realidad nos muestra que el desprestigio al concepto de política se generalizó a través de un desgaste paulatino que alcanzó escalas extremas. La desconfianza se arraigó entre la ciudadanía y el repudio al poder se manifiesta de varios modos…

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