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Yucatán

Del sofocante calor a un deporte de invierno

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El patinaje artístico se está abriendo un espacio en el gusto de los yucatecos

Rafael J. Ramos Vázquez (*)

En días pasados se celebró en la pista de hielo de un complejo de tiendas departamentales una competencia.

Nadie podría imaginar que en la tierra del Mayab, donde el sol rompe las piedras con sus rayos y existe un calor sofocante, se practique un deporte de invierno y, exista tanto talento en niñas y jovencitas sobre una pista de hielo, convirtiendo el patinaje artístico en un espectáculo digno de reyes.

Las participantes son amazonas que dibujaron sobre el escenario, rutinas con el acero templado de las cuchillas de sus botas, verdaderas pinceladas de belleza sin igual.

Con sus giros, saltos, cambios de dirección y acrobacias, son todas unas verdaderas artistas, que deleitaron a los asistentes con sus suaves movimientos, al ritmo sincronizado de una pieza musical y, que parecen salidos de un cuento de hadas.

El patinaje artístico es un deporte y disciplina difíciles y de tras de esa hermosura de baile, hay muchas horas de sacrificios, tanto de ellas como de sus madres, quien pasan horas interminables viendo ensayar a sus hijas, privándose muchas veces de eventos o reuniones sociales para no faltar a los entrenamientos. Éstos son difíciles, se practica un sinnúmero veces el ejercicio, en ocasiones se caen, pero se levantan y lo vuelven a intentar hasta que logran y obtienen la perfección, destreza y confianza necesaria para realizarlo en los eventos. Todo eso ante la atenta mirada y dirección de sus entrenadoras.

Cuando llega el día y la competencia empieza, los nervios de punta, están más con los espectadores y familiares que con las patinadoras. Todas ataviadas con vestimentas elegantes, trajes brillantes y coloridos, parecen tener hielo en las venas al desarrollar sus rutinas. Las caídas, son parte de este deporte y cuando sucede, la reacción vigorosa de la concursante es inmediata, natural.

Durante la danza la zozobra y nerviosismo de los padres es mayor que en las participantes. Pero la satisfacción, orgullo y alegría de los progenitores al concluir la coreografía, es algo que se percibe claramente en sus rostros. Un buen número de muñecos de peluche caen en la pista al terminar la ejecución, como justo tributo a la patinadora. Las juezas anotan la acertada calificación, para obtener la medalla. Aunque creo en justicia que la madre y padre de cada una merecen también una presea dorada. Felicidades a todos los involucrados. Hoy es una realidad en nuestra tierra, el patinaje sobre hielo, lo que era hasta hace unos años algo impensable. Hago votos para que el nombre de nuestro estado, brille en este deporte, hay mucha calidad femenina para poner en alto a Yucatán.

Nunca nadie ha estado en el cielo y visto a los ángeles, pero estas jóvenes son lo mas cercano que nos podamos imaginar. Enhorabuena.— Mérida, Yucatán, marzo de 2019

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