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La última cena, símbolo de unión

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Semana Santa

Herminio José Piña Valladares (*)

La última cena de Jesús fue la primera del culto cristiano, en vez de las solemnes ceremonias del templo, el momento más importante de la Iglesia será a partir de este momento una comida fraterna en la que Jesucristo se hace pan de vida.

En el banquete pascual, Jesús, dejando de lado las prescripciones rituales que todos los israelitas cumplían escrupulosamente, tomó un pan y después de pronunciar la bendición, lo partió en varios trozos y los fue distribuyendo entre los discípulos mientras decía: “Tomen y coman: este es mi cuerpo, que será entregado por ustedes. Hagan esto en mi recuerdo”.

Así como el lavatorio de los pies de los discípulos, había resultado un gesto de enseñanza, de humildad, servicio y amor; el gran sacramento de la Eucaristía es inaugurado, el pan y el vino, los ofrece como su propia carne y sangre entregadas por la vida del mundo y les manda que lo repitan y recordándoles que se trata de una nueva alianza, el nuevo pacto entre Dios y los hombres.

Al instituir el sacramento de la Eucaristía dos afirmaciones tienen un sentido profundo: en primer lugar, la Eucaristía anuncia el sentido de su muerte, cuerpo entregado y sangre derramada a favor de los hombres; y en segundo lugar, preanuncia su vida resucitada hasta el fin.

El Maestro tomó el cáliz rebosante del zumo de la vid y después de la bendición y la acción de gracias, lo pasó a cada uno de los discípulos, mientras les decía: “Beban todos de él. Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre derramada por muchos. Hagan esto cuantas veces lo beban en recuerdo mío”.

Jesucristo instaura el sacramento más eficaz de la gracia, el misterio más hondo y fecundo de la nueva humanidad: la Eucaristía.

Las espigas del trigo que fueron desgranadas para amasar el pan, se fueron uniendo para formar la masa. Los rojos granos de muchos racimos se hermanaron en esta copa de vino. Pero tanto los granos de trigo como los de la vid se dejaron triturar para dejar de ser trigo y uva y convertirse en alimento y bebida.

En el jueves santo Jesucristo instituyó la Eucarística, la cena del Señor y en la actualidad se sigue celebrando en todas las comunidades cristianas. Cada vez que participamos en la celebración de la Eucaristía o santa misa, renovamos esta alianza. Jesús está entre nosotros mientras recordamos su sacrificio; él se hace nuestro pan espiritual y nos consagra a su padre para que participemos más y más en la obra de su salvación.

Abogado y asesor jurídico Herminio José Piña Valladares hjpvdirector@hotmail.com

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