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Por diferentes caminos

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Rafael J. Ramos Vázquez (*)

En la ciudad de Santiago en la isla de Cuba está el cementerio de Santa Ifigenia. En él podemos encontrar historia. En este camposanto reposan los restos de muchos hombres que han marcado el rumbo de ese país. El gobierno los honra con cambios de guardia cada 30 minutos, con jóvenes que están haciendo su servicio militar.

Sobresalen dos de ellos, uno, un apóstol, persona culta que con su pluma e intelecto escribió muchos libros que contienen sus pensamientos que iluminan el firmamento literario, ese hombre orgullo de la Isla es José Julián Martí Pérez.

Tiene un mausoleo en donde está en mármol su figura, y en la parte de abajo sus restos mortales, en un ataúd, cubierto por la bandera de la isla y a un lado un arreglo floral, recordando su poema “Yo quiero cuando muera,/ sin patria, pero sin amo/ tener en mi tumba/ un ramo de flores y una bandera”.

A pocos metros se encuentra otro hombre, que gobernó Cuba durante casi 60 años y quien trató de ser un alumno de Martí, Fidel Castro Ruz.

La tumba del gobernante es una piedra traída de la Sierra Maestra, tiene la forma de un grano de maíz, y contiene sus cenizas. Y sobre el monolito una placa de mármol que dice solamente: “Fidel”. La forma del sepulcro fue deseo del comandante, inspirado en un pensamiento de Martí, que decía: “Toda la gloria del mundo, cabe en un grano de maíz”.

Aunque se intente, no se pueden hacer comparaciones entre ese par de personajes, son entes diferentes. Martí no conoció a Fidel, pero éste intentó ser discípulo del escritor, muchas de sus frases revolucionarias están inspiradas en los escritos y pensamientos de Martí. Eso nos indica que el líder cubano sintió gran admiración por el pensador y, tal vez en su interior quiso imitarlo. Pero, la pluma es más fuerte que las armas, Martí es único, vivirá por siempre por sus ideas y pensamientos propios.

Fidel fue un dirigente como han habido muchos, cuya actuación fue polémica y que implantó en su país una doctrina económica ajena, copia de otra nación, cuyos resultados todavía no han sido evaluados.

Aunque los dos están en la misma necrópolis y a pocos metros, la distancia entre uno y otro es enorme, abismal. Tal vez el comandante aspiró tener la gloria del apóstol. Pero es imposible, porque uno es un grano de maíz y, el otro un maizal. No hay comparación.

Abogado y empresario rafaelramos@sji.com.mx

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