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Alejandro Legorreta: ¿La crisis del sargazo?

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Amenaza a la estratégica industria turística

Alejandro Legorreta González (*)

“Cuando uno jala una sola cosa en la naturaleza, se encuentra que está agarrada del resto del mundo” —John Muir

Está volviendo a suceder. Quintana Roo está atravesando, de nuevo, una singular crisis medioambiental: toneladas de sargazo han llegado a las playas, desde Cancún a Mahahual, lo que está poniendo en jaque al sector turístico.

Pero ¿qué sabemos de esta invasión de sargazo y, más importante, cómo la deberíamos entender desde Yucatán?

Para empezar, el sargazo es una macroalga que se reproduce por fragmentación en aguas tropicales y templadas. Tiene la peculiaridad de crecer rápido (le toma solo unos días duplicar su masa) y desplazarse con facilidad. Esta vegetación viaja, así, en gigantescas y espesas “islas” hasta las costas.

Usualmente el sargazo que llegaba a las playas del Golfo de México y la Península Yucatán se desprendía del Mar de Sargazo, ubicado en el Atlántico, entre Estados Unidos y Europa.

Pero en los últimos años, a partir de 2011, el flujo ha aumentado significativamente. Solo en 2018 en Quintana Roo se registraron más de 150 mil toneladas de sargazo; las estimaciones para este año esperan un millón de toneladas.

La hipótesis más sólida considera que estos flujos masivos se están desprendiendo de un nuevo mar de sargazo ubicado entre Brasil y África. Por lo mismo, otros países, como Barbados, Guadalupe y Puerto Rico, también han sido afectados.

Además, hay otros dos factores que explican este nuevo fenómeno según los especialistas. El primero es el cambio climático que ha alterado, recientemente, la dinámica de los vientos y las corrientes marítimas y, sobre todo, ha aumentado la temperatura de los mares, una condición necesaria para que el sargazo crezca.

El segundo es el aumento de nutrientes en el océano a causa de factores humanos directos como el desecho de materias orgánicas, por ejemplo la descarga de fertilizantes en ríos que eventualmente llegan al mar.

En el mar si bien el sargazo puede servir como comida, refugio y hábitat, también puede alterar ecosistemas al dificultar, por ejemplo, el tránsito de peces y el paso del sol, lo que imposibilita la fotosíntesis de los corales. Además, el sargazo, como hemos visto, se acumula y se descompone masivamente, desprendiendo gases y olores desagradables. En fin: trastoca el paraíso.

De esta manera, el tema del sargazo no es menor. Se trata de un profundo problema medioambiental y socioeconómico. Una parte importante del ingreso nacional depende de la higiene de la blanca arena de la Riviera Maya y de la belleza de esos azules magníficos del mar Caribe.

Cerca del 9% del PIB

Recordemos que el turismo representa, desde hace varios años, cerca del 9% del PIB nacional y genera más de nueve millones de empleos directos e indirectos; y en este sector, Quintana Roo es líder en ingresos, divisas, visitas de turistas nacionales y extranjeros y en oferta de habitaciones; solo en 2018, Quintana Roo creció en promedio 4.1%, un dato muy superior al crecimiento del PIB nacional (1.9%).

Creo que esta coyuntura nos debe dejar una llamada de atención. Las actividades humanas están generando cambios importantes en la naturaleza, como el aumento de la temperatura general del planeta, y eventualmente a Yucatán también le puede tocar una alteración en sus ecosistemas.

Seamos conscientes y solidarios, no porque Yucatán no tenga el problema de sargazo no debemos preocuparnos y ocuparnos del tema.

Para combatir este problema, entonces, se deben redoblar los esfuerzos de los gobiernos estatal y federal y el gremio turístico para generar planes de limpieza más contundentes, creando empleos temporales y con mejores protocolos de reacción.

Debemos encontrar soluciones productivas para aprovechar el alga, en lugar de desecharla. Utilicemos las bondades de la tecnología y la fuerza del mercado para abordar este problema, con la dirección del gobierno, pero el talento y energía que los científicos y emprendedores pueden aportar.

Ya se empiezan a proponer procesos para la creación de fertilizantes, alimento para ganado o fabricación de barro y papel a partir del sargazo. Estas podrían ser soluciones interesantes que además generarían empleos constantes.

Y cuanto antes, todas y todos debemos comprometernos a cuidar más nuestro bello estado y, en consecuencia, nuestro planeta. Todas las acciones, por grandes o pequeñas que parezcan, serán fundamentales para evitar una mayor degradación de nuestros ecosistemas.

Esta es la verdadera causa que hay que promover desde cualquier trinchera, como ciudadanos, empresarios y como estado. Hay que corregir el rumbo.

En Yucatán contamos con playas únicas como El Cuyo, Progreso, Sisal, Celestún y Río Lagartos, por el momento, afortunadamente limpias de la crisis del sargazo. Son activos bellísimos, territorios verdaderamente paradisiacos. Cuidémoslas, pero no solo eso: aprovechémoslas con mayor decisión y de manera responsable. Siempre lo repito: hay un futuro enorme en nuestra costa yucateca esperando a concretarse.

***

En menos de 280 caracteres: Solo durante 2019 el gobierno de Quintana Roo ha destinado más de 200 millones a combatir la crisis del sargazo. De ese tamaño es la amenaza, de ese tamaño es nuestra corresponsabilidad.— Mérida, Yucatán.

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